¿Por qué existe la explotación animal y cómo detenerla?

Las prácticas de dominación y las jerarquías establecidas por lxs humanxs son prácticas que se pueden rastrear miles y miles de siglos atrás. Son tan comunes en la narrativa histórica que prácticamente hemos dado poco o nulo interés a comprender por qué, en primer lugar, lxs humanxs practican la dominación y si es que esta es natural (en cuanto al instinto) o un artilugio social transmitido de generación en generación. 

Nosotrxs nos decantamos hacia la segunda explicación: la dominación humana, cual sea que esta sea (fascismo, discriminación o especismo), responde a una herencia cultural humana que se ve reproducida por la moral, siendo esta última el conjunto de valores y normas que una sociedad acata o ejecuta de modo autoritario o servil sobre otrxs, debido a principios culturales no necesariamente éticos. 

Es porque existen diferentes morales según el lugar geográfico, simbólico e histórico en el que nos encontremos, que serán diferentes los valores o reglas para cada cultura. Es por esta razón que hay una moral china que mira bien comer perros y vacas, pero no así en la moral mexicana donde es aberrante comer perros y la diferencia con la moral india en la que sería aberrante comer el cuerpo de vacas, perros o cualquier otro animal. 

La moral, como herencia cultural, es la causa de que exista identificación con patrones violentos normalizados en la cultura, o bien, la causa de que no estén normalizadas conductas violentas como hacer daño a otrxs animales. 

Esto significa que la cultura es un vehículo para la manipulación social y la reproducción de la violencia, pero no tiene que ser así necesariamente y ejemplos de culturas no especistas existen muchos, como son la identidad y la comunidad vegana, lxs budistas, lxs jainistas o lxs yoguis.

Ahora bien, el especismo, que pareciera ampliamente esparcido por la cultura global, es un indicio de la manipulación desde la cultura occidental capitalista. Puesto que, el capitalismo, como sistema social, político y económico globalizante e impositivo, manipula la cultura y sus diversas manifestaciones para servir al proceso económico y político al establecer al consumismo como una práctica normalizada (e incluso deseable), así como la dominación antropocentrista, como una práctica que se ve naturalizada por el discurso instrumentalista del mundo natural, del que se nos coloca fuera (ignorando que somos parte del ambiente y somos animales interdependientes). 

Para el capitalismo, como sistema globalizante, la noción de propiedad legal que se forza a todxs lxs demás animales es la clave para reproducir, desde el sistema social y la cultura, la de sus cuerpos. Esta implicación justifica en la cotidianidad las violencias especista, carnista, sexista, instrumentalista y más, teniendo como resultado industrias violentas e injustas, pero justificadas desde la cultura, tal como: la ganadería, la farmacéutica, entre otras. 

La palabra explotación, tiene su origen en la etimología latina y significa sacar riqueza, puede ser interpretada como obtener provecho de algo. Indudablemente, remite a las prácticas económicas (capitalistas) y políticas (de dominación) que son impuestas por la globalización. 

Pero, ¿por qué apuntar al capitalismo como un gran ejecutivo del especismo? 

Porque si bien la dominación ha existido en muchas sociedades históricamente y la violencia hacia otrxs animales ha existido en sistemas económicos precedentes o que buscan ser la alternativa al capitalismo, ninguno de ellos ha estado tan alejado del capitalismo como tal, pues hasta el socialismo reproducía jerarquías capitales, en las que la distribución de la ganancia no era equitativa para todxs (aunque aparentaba serlo para la mayoría), ni tampoco se desaparecían las pirámides de poder y dominación, dado que en todos los sistemas económicos no anárquicos y sustentables sigue existiendo la búsqueda de generar capital e intercambios comerciales que resulten en una ganancia que, históricamente ha sido distribuida inequitativamente y que es obtenida mediante el utilitarismo de los cuerpos, el trabajo y la naturaleza. La idea de que el socialismo y el comunismo son contrarios al capitalismo es equivocada, tanto como el planteamiento que descarta al capitalismo como un sistema global que permea todas las áreas de la cultura. 

En este sentido, gobiernos de izquierda o de derecha, por igual, han practicado el especismo y el empobrecimiento cultural y de la soberanía de los pueblos, al introducir prácticas globalizantes (o imperialistas) como lo son las granjas, las corridas de toros, la farmacología, entre otras. En México, para hacer un ejemplo claro, las granjas industriales no existían previo a 1940, cuando el ex-presidente Manual Ávila Camacho las introdujo como parte de la Revolución Verde, un acuerdo político comercial con los Estados Unidos que forzaba la implementación de la industria ganadera mediante la venta a México de maquinaria y modelos de producción especistas. Este modelo se replicó en toda América Latina con algunos cambios propios de los contextos, en todo el resto del mundo también, lo que, por supuesto, es muestra de la globalización e imposición de modelos imperialistas.

¿Qué significa? Que antes de los años cuarenta la alimentación y otras industrias no eran como se conocen ahora, por lo que la idea de que “siempre ha sido así” es falsa, pero se usa como un recurso desde la cultura para normalizar la dominación antropocentrista, globalizante y capitalista.

Ahora bien, el sistema económico actual, el capitalismo, es “exitoso” a nivel monetario solo para quienes realmente se benefician de él, es decir: lxs capitalistas, quienes poseen el capital para producir a gran escala  y enriquecerse a través de la explotación.

La surge a partir de la idea y el uso del cuerpo, su energía y su capacidad como medio de producción, es decir, la “mano de obra”. Cuando existe este utilitarismo hay principios capitalistas, incluso si es a pequeña escala, por ejemplo, en otros tiempos en un feudo o ahora mismo en una granja local.

Para que el capital original pueda transformarse en más dinero, es necesario abaratar alguna parte del proceso de producción, ya sea la mano de obra o los medios de producción. Es por esto que es común escuchar el término “mano de obra barata”, para referir al empobrecimiento provocado sistemáticamente por el sistema capitalista con la finalidad de que el salario que reciban lxs trabajadores sea mínimo y esto implique que la ganancia del capitalista sea mayor. 

Para el sistema capitalista, lxs animales no humanxs forman parte primordial de los “medios de producción” que el capitalismo secuestra y esclaviza para sus fines de enriquecimiento, a pesar de que no son objetos ni maquinaria para estar a disposición de la humanidad, se ha normalizado, desde la cultura globalizante, el pensar en ellos como cosas y por lo tanto usarles como tal. Esto se puede observar al usar palabras especistas para referirse a ellxs: comida, ganado, res, carne, cabezas, stock, living stock y un largo etcétera.

Lxs animales de otras especies, a diferencia de lxs humanxs, juegan un doble papel dentro de la explotación: son utilizadxs como medios de producción al verse como “mercancía” y a la vez son explotados como mano de obra gratuita, por ejemplo, al explotar el cuerpo gestante y lactante de las vacas (funciones que no existen para nosotrxs sino para ellxs y sus hijxs), arar la tierra esclavizando bueyes, utilizar animales para entretenimiento humano entre muchas otras formas especistas de explotación. 

Por supuesto, lxs animales no reciben ninguna remuneración ni están ahí con consentimiento, por lo que se encuentran esclavizadxs y condicionadxs para subsistir mediante la alimentación selecta y forzada, además, son vistxs y tratadxs como objetos. Es una fuente ideal de enriquecimiento para el capitalismo: cuerpos vivientes que aportan energía, “trabajo de reproducción” (cuerpos gestantes violados), “materia prima” y que no reciben ningún tipo de remuneración.

Para naturalizar la animal, la cultura ha jugado un papel primordial al regular y normalizar la violencia. Lo que ha significado un proceso similar a la explotación de los cuerpos de las mujeres como medio de producción de la fuerza de trabajo. Se ha creado la idea de que lxs animales están para consumo humano y para ello se ha borrado toda idea de cómo llegaron a “estar”, en dónde están, cómo viven, qué sienten, qué quieren ellxs y qué merecen. 

A principios del siglo XIX, lxs animales que actualmente se esclavizan y son explotadxs en las granjas (sean grandes o pequeñas) comenzaron a pasar de una vida de esclavitud en los pastizales a una vida de encierro en corrales, pocilgas, cobertizos, cercas y muros. Incluso se ha normalizado y naturalizado la creencia de que lxs animales son “de granja” y viven en establos. La realidad es que esos espacios de encierro no son sus hogares y, además, la idea romantizada de la granja feliz está muy alejada de la realidad de las granjas industriales que son las que monopolizan actualmente el mercado.

La de los cuerpos humanos y no humanos y de la naturaleza es parte fundamental del sistema capitalista, lo cual ha llevado a que este modo de producción sea insostenible. Por ejemplo, para producir alimento para lxs animales que se encuentran presxs en granjas (y que una muy pequeña parte de la población pueda alimentarse de sus cuerpos) se queman grandes áreas de bosques para hacer plantíos de soya, sorgo, trigo y legumbres, cuyo fin es alimentar artificialmente y de modo forzado a dichxs animales, para después vender sus cuerpos a una parte muy pequeña de la población.

Además, después del desfalco de la naturaleza para la producción, una enorme cantidad de los productos obtenidos del capitalismo y la son desperdiciados. Muchos hombres, mujeres, animales no humanos y demás elementos de la naturaleza son destinados a la producción de bienes de lujo y necesidades no esenciales creadas por el capitalismo cultural (como comer carne o lácteos, utilizar sus pieles, etc.), mientras una gran parte de la población humana mundial no tiene lo básico para poder vivir dignamente y podría alimentarse hasta el hastío con el producto vegetal que es forzado en lxs animales presxs en las granjas y otros centros de animal.

¿Qué hacer ante esta situación de de lxs animales no humanxs?

En primera instancia, comprender que lxs animales no humanxs existen para sí mismxs y no para el servicio humano, en contraposición a la visión antropocentrista de que están para nuestro beneficio que la humanidad ha popularizado desde que ha podido apropiarse de sus cuerpos. Es vital reconocer que, incluso aunque pasten “libres” o se tomen sus “productos” en granjas no industriales, por ejemplo, la leche de las vacas y los huevos de las gallinas, implica su esclavitud.

Es importante aprender a identificar y reconocer aquellos procesos y sujetos que crean explotación. Por ejemplo: aquellas empresas que en cualquiera de sus productos incluyan animales, ya sea como “ingredientes o materias primas” o el producto de trabajo forzado, puesto que estas están favoreciendo y legitimando su uso, esclavitud y explotación. Por lo que estas empresas deben ser señaladas como especistas y el consumo a estas debe ser boicoteado, para exigir producción ética. 

Mientras no se señale como violento lo que es violento y no se excluya de la cultura la noción de no será posible un cambio sistémico en favor de la vida de todxs lxs animales. 

No se puede buscar un mundo ético mientras se siguen promoviendo las prácticas de lxs explotadores. Por ello, el veganismo y la lucha por los derechos de lxs animales no humanxs debe ser radical y promover el activismo efectivo y estratégico en favor de la vida de lxs animales, tomando en cuenta cuáles son las formas de activismo que inciden en mayor medida sobre el cambio sistémico, es decir, el que impacta en las áreas económicas, políticas y culturales. 

Es sumamente importante crear comunidades autogestivas que dependan cada vez menos de los productos de la animal y de la naturaleza. Aprender a no depender del sistema de producción y explotación capitalista es posible y es de vital importancia en todos los sentidos. Recuerda que en nuestra sección de videos en Facebook puedes encontrar muchos programas de discusión y talleres con estas temáticas, que pueden guiarte a una vida antiespecista y anticapitalista. 

De manera concreta, también puedes desarrollar campañas (o unirte a las nuestras) con objetivos ulteriores, tales como la educación antiespecista y la abolición de toda actividad que implique la y dominación de otrxs animales. 

La educación en el veganismo y la ética debe guiar al cambio social, al tiempo que toda campaña debe posibilitar que lxs explotadores, capitalistas y violentadores de animales pierdan la legalidad y estímulos comerciales en sus prácticas, para que así deje de ser normalizada y deseada la explotación. 

La unión entre la educación social y el cambio sistémico es la base para el cambio. Por ello, también la educación para cambiar la cultura desde el cambio corporativo y legislativo es urgente e importante, puesto que vivimos en una sociedad que se rige por estos mecanismos de acción.

 

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