El especismo y sus consecuencias en los subsidios a la industria alimentaria.

Los subsidios son los apoyos económicos directos que proporciona el Estado a empresas privadas para generar bienes meritorios para la producción. Estos apoyos pueden incluir descuentos en impuestos y otros bienes y servicios indirectos como el uso de combustibles o el desarrollo de infraestructura, también servicios de apoyo a la investigación, la difusión o la capacitación. 

Si bien, en un primer acercamiento todo esto suena muy bien, en el caso de las actividades especistas (todas aquellas que significan animal) hay un abierto debate ético y sobre la justicia social, puesto que la animal significa el uso y abuso de seres sintientes, así como la principal causa de las crisis climática y sanitarias (que afectan a animales no humanxs y humanxs).

 

Pero, en primer lugar ¿Por qué se producen alimentos de origen animal? 

Porque es parte de una práctica alimentaria impuesta por lxs invasores europexs, dado que en nuestro continente no se comían animales cotidianamente, ni existían gallinas, cerdxs ni vacas y toros. De manera que la gastronomía atiende a un contexto histórico de dominación y violencia. Pero, también, porque la alimentación estándar americana (proveniente de los Estados Unidos de América) es una imposición no sólo gastronómica y cultural muy presente en nuestro país, sino también porque el gobierno mexicano ha estado estableciendo políticas de producción agraria y para la ganadería desde los años cuarenta, con base en las exigencias del gobierno estadounidense. 

Todo lo cual ha creado un escenario político económico favorable y casi incuestionable respecto a la práctica de “producir”, comer y exportar cuerpos de animales como si fuesen productos y no individuxs con intereses propios, valor intrínseco y sintiencia. 

Es indudable que el consumo de animales no solamente representa un problema ético fundamental, sino también la causa de múltiples pandemias, la crisis climática y la destrucción de la naturaleza, lo que se ve justificado bajo el discurso del libre mercado, a pesar de que, de hecho, significa que existe una imposición económica, así como monopolios de la producción alimentaria que afectan a la justicia social y a la soberanía alimentaria. 

Desafortunadamente, los gobiernos siguen apostando por la inversión y fortalecimiento de la ganadera, a pesar de que desde hace tiempo se ha identificado que la producción de alimentos de origen animal tiene más impactos negativos que positivos.

 

¿Cuáles son los principales subsidios para la animal? 

Por un lado, están todos aquellos impulsos directos (o dinero) otorgado a las actividades de ganadera, de pesca y de agricultura para la alimentación específica de animales en las granjas. Por otro lado, se encuentran los fomentos a la infraestructura para las actividades “productivas”, los descuentos a los impuestos y el regalo de combustible (diesel y gasolina) para la pesca (una actividad por demás contaminante y que contradice la búsqueda de promover actividades sostenibles y sustentables). 

Cabe señalar que todas estas actividades generan un desequilibrio productivo para lxs campesinxs y productores de alimentos de origen vegetal, así como un aparente costo incrementado para cualquier alimento basado en plantas, dado que los productos de la animal acaban teniendo un costo hasta 8 veces menor al original, algo con lo que los alimentos de origen vegetal no pueden competir. 

Cabe señalar que los diversos programas otorgan montos muy altos de dinero que acaban por sumar cientos de millones de pesos otorgados a actividades que, como veremos más adelante, promueven especismo y graves impactos negativos en ecosistemas y la salud pública. Algunos de estos programas y los montos ejercidos para el ejercicio 2019, de acuerdo con el Presupuesto de Egresos de la Federación, son:

  • En materia agropecuaria, acuícola y pesquera $19,372  millones de pesos.
  • En materia agrícola $30,923 millones de pesos (cantidad que rebasó por casi 3 millones el monto aprobado). 
  • Para la SADER (Secretaría de Agricultura y Desarrollo Rural) $52,537 millones de pesos. 
  • Para el Programa de Fomento a la Productividad Pesquera y Acuícola se  ejerció $1,374.3 millones, lo que rebasó en 13% lo aprobado por el Congreso de la Unión.
  • Para el programa de Abasto Rural, a cargo de DICONSA S.A. de C.V. (DICONSA), $4,047 millones de pesos, que representan 188.50% del presupuesto aprobado, lo que se usó para justificar objetivos de “seguridad alimentaria” junto con el programa de 
  • Adquisición de leche nacional que ejerció $1,768 millones de pesos. 
  • El Programa de Abasto Social de Leche a cargo de Liconsa, S.A. de C.V. que ejerció $1,240 millones de pesos; cabe mencionar que este programa está destinado a apoyar a la gente de bajos recursos, pero ha sido aprovechado por los gobiernos, sin importar partido, como propaganda electoral.
  • El Crédito Ganadero a la Palabra  con un gasto ejercido de $978 millones de pesos. Bajo este programa millones de becerritxs son separadxs violentamente de sus madres y confinados a una vida de en entornos de pobreza y maltrato. 
  • El Programa de Fomento Ganadero aprobado por 500 millones de pesos del cual sólo se ejerció 56 millones, cabe mencionar que este tipo de créditos está condicionado a la “producción”.

El total aprobado para estos programas fue de $20,638 millones de pesos y el gasto ejercido fue de $19,372 millones de pesos, lo que representa el 94% del presupuesto, cabe mencionar que de los programas que no ejercen el gasto estimado el presupuesto será reasignado a otros programas a los cuales le dé más importancia el gobierno en turno; esto quiere decir que aunque el Congreso de la Unión destine algún tope a los programas el gobierno puede jugar con los recursos.

Por último, pero no de menor importancia, se encuentran los subsidios a los combustibles para la pesca que, en el caso del diesel ascendieron a $383,044,119 y en el de la gasolina a $104,715,214.

 

¿Por qué es tan agravante usar dinero público en actividades de animal? 

La ganadería y la pesca son las principales consecuencias de la violencia especista y las principales causas de la destrucción de los ecosistemas, lo que ha puesto a muchas especies de animales y plantas en riesgo. 

En México, las cifras son alarmantes: la mitad del territorio nacional está ocupado por granjas y así como por cultivos y pastizales que son destinados para alimentar a lxs animales que serán asesinadxs. Un artículo publicado por el Instituto de Ecología de la UNAM, revela que solamente queda el 10% de las selvas originales del país. 

Durante la década de los setenta hubo una gran destrucción de estos ecosistemas debido al impulso del reparto agrario y el fomento agropecuario en distritos de riego, plantaciones y tierras de agostadero para la ganadería intensiva. Casi la totalidad de la vegetación se eliminó para favorecer a la industria ganadera. Los cambios más drásticos ocurrieron en Veracruz, Tabasco, la Sierra Sur de Chiapas y el norte de Yucatán. Esta destrucción ha continuado hasta nuestros días. 

El daño y fragmentación ha significado la pérdida de hábitats para muchos animales entre ellxs: linces, pumas, armadillxs, zorras, ardillas, coatíes, serpientes, mariposas, monxs arañas, especies únicas de aves como el quetzal y el pavón, que han tenido que migrar o que han sido asesinadxs en el mismo proceso de “limpia” para abrir paso a las tierras, o que son secuestradxs para ser vendidxs como “mascotas” o alimento. 

En México, el caso de carnívoros como el jaguar y el puma es emblemático, ya que la ganadería, al ocupar sus territorios, ha orillado a lxs depredadores a atacar a lxs animales presxs en las granjas que, al no poder cazar sus presas naturales (silvestres) y estar cada vez más rodeadxs de espacios de animal, recurren a lxs animales forzadxs al cautiverio como una fuente alternativa de alimento, causando un conflicto entre lxs explotadores que, la mayoría de las veces, acaba con la persecución y asesinato de jaguares y pumas. 

La destrucción de los ecosistemas y la extensión de la ganadería tienen también un impacto inesperado y que ha quedado evidenciado por la pandemia: los patógenos, que antes fueran contenidos por ecosistemas sanos y ahora se están extendiendo a las granjas y de ahí a las poblaciones humanas.  

Tal como señala Kate Jones (2020), Directora de Ecología y Biodiversidad del University College London:

Hemos incrementado el transporte de animales –para medicina, como mascotas, para alimentación– a una escala que no había sido vista antes. Estamos destruyendo los hábitats, los paisajes están cada vez más dominados por la humanidad. Esto está produciendo que los animales se estén mezclando y teniendo contacto entre ellos y con nosotros, como nunca antes se había observado.

Las industrias cárnica, láctea, del huevo y toda actividad de explotación animal son causantes de la generación y proliferación de pandemias (como Covid-19) que dan lugar a la muerte de millones de animales de distintas especies (incluidxs lxs humanxs), por contagio en granjas o en entornos silvestres. 

 

Conclusiones

Ninguna actividad que fomente las crisis comentadas anteriormente debería ser objeto de subsidios y/o apoyos gubernamentales.

No existe justificación alguna para promover violencia, destrucción y pandemias, ni siquiera la generación de empleos. Otros empleos no especistas son posibles y es urgente que el gobierno, las empresas y la población inviertan en ello. 

El aparente beneficio económico de los subsidios actuales en realidad tiene un alto costo en salud pública y en consecuencias gravísimas para el equilibrio ecológico. 

Es urgente transicionar a un sistema de alimentación completamente basado en productos de origen vegetal que promuevan una gastronomía ética, sustentable y saludable. Para que esto sea posible el veganismo popular debe ser promovido desde todas las esferas, lo cual incluye un urgente llamado para solo ejercer subsidios para la alimentación 100% basada en plantas. 

La transición alimentaria significará también una transición laboral que beneficiará a todxs lxs habitantes, no sólo a lxs trabajadores, también a lxs consumidores. 

Es indispensable la capacitación en todos los niveles, desde pequeñxs productores hasta grandes empresarixs. Así como programas para la restauración de los ecosistemas. 

 

Únete a nuestra campaña para exigir a las autoridades Subsidios Justos: Alimento y Vida Para Todxs. 

Firma aquí: https://www.change.org/AlimentoYVidaParaTodxs

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Referencias

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