Hablar de activismo, sin lugar a dudas, presenta una conversación compleja, particularmente cuando entendemos a lxs[3] sujetxs políticxs de la lucha separadxs de lxs activistas, como lo es en el caso (no exclusivo) de la lucha antiespecista, dado que lxs depositarixs de los beneficios de la lucha son lxs demás animales y no lxs humanxs luchando. Si bien esto presenta una complejidad en cuanto a la comprensión de las necesidades ajenas, también lo hace en un sentido narrativo, es decir, ¿qué elegimos decir sobre lxs otrxs? ¿les quitamos toda agencia política al nombrarlxs como “sin voz”? ¿nos adjudicamos su lucha y discurso al nombrarnos “su voz”? o ¿ejercitamos la traducción en un intento por representar sus intereses más allá del antropocentrismo? Personalmente, me decanto por la última opción, a pesar de las dificultades que conlleva en un planeta rapazmente dominado por la humanidad.