
Introducción
“Popular” significa accesible, común, sin pretensiones, fácil de propagar y fácil de entender. Desde esas ambiciones, contemplamos que debería suceder toda toma de decisiones y prácticas éticas como un proceso accesible, libre de jerarquías y comprensible, tanto para existir, ser y sentir desde nuestras identidades diversas, como para posibilitar toda práctica en la que participamos. Eso incluye nuestras prácticas políticas, éticas, filosóficas y sociales.
Sin duda, todo es político y todo lo que hacemos o no hacemos tiene consecuencias sobre la vida de otrxs y nosotrxs, lo que significa que todo cuanto hacemos y somos implica una responsabilidad. Hoy queremos dialogar sobre esto en este artículo, pues el veganismo merece ser un objetivo accesible, común, sin pretensiones, fácil de propagar y fácil de entender, es decir, popular.
¿Por qué es necesario el veganismo?
Porque todo lo que no es veganismo implica contradicciones éticas, a partir de prácticas de explotación animal. Estas prácticas nacen del especismo, que asume que unas especies animales (como la humana) están por encima de otras y entonces el uso, discriminación y explotación animal es justificable. Pero no, no lo es.
Ninguna jerarquía que implique dominación y sufrimiento y que, además, no es consentida, es aceptable. Digámoslo claro: todx animal, sin distinción de especie, tiene derecho a su libertad y a elegir vivir su propia vida con base en su instinto y sintiencia. Por ello es injustificable el “sacrificio”, sea en mataderos, laboratorios, zoológicos, criaderos o cualquier otro espacio de explotación animal (aunque sea pequeño), pues ningunx animal se “sacrifica” a sí mismx, porque ningunx animal está de acuerdo con el cautiverio, la explotación sexual, la alimentación forzada o la matanza. No podemos sacrificar algo que no es nuestro y la vida de otrxs animales no es nuestra para decidir por ella; hacerlo es un ejercicio de opresión.
Desde Brigada Animal, ambicionamos y practicamos la comprensión de un veganismo que pueda ser sencillo y que deje afuera toda pretensión jerárquica, sea de clase, género, raza y, por supuesto, especie. Esto significa que practicamos y promovemos un veganismo que es accesible y que no está reservado para ciertos sectores económicos, puesto que el veganismo no es una cuestión de consumo ni de clase social.
Lo que sí es el veganismo es una postura ética y política que rechaza la explotación animal en todas sus formas, no un estilo de vida ligado al consumismo. Es necesario mencionar esto porque aún hay mucha gente que cree (equivocadamente) que el veganismo es o no es posible según la economía de cada quien, lo que asume una visión de clase donde se oculta que la mayor parte de la población vegana percibe menos de un salario mínimo en México (indicando que el veganismo no es una práctica asociada a la gente rica). Además, desplaza lo verdaderamente esencial: cuestionar lo injusto y violento que es que lxs animales no humanxs sean usadxs, explotadxs y convertidxs en mercancía.
¿Veganismo y clase socioeconómica?
Creer que el veganismo es un asunto de clase no sólo es falso, de acuerdo con la evidencia comunitaria, sino que tergiversa el interés sobre quién puede o no puede evitar la explotación animal, como si la gente con pocos recursos económicos estuviéramos obligadxs a comer cuerpos, secreciones y productos de la explotación animal, pero no verduras, cereales u otros alimentos vegetales que, de hecho, son más baratos.
La lucha antiespecista en América Latina no es una lucha desde el privilegio, como muchas veces se ha dicho desde la falsedad al decir que “lxs veganxs son gente rica”, sobre todo cuando se considera que, por ejemplo, en México, el 70% de lxs veganxs somos personas que percibimos menos de un salario mínimo. De manera que, mientras luchamos por la liberación animal, seguimos luchando por la supervivencia propia y por nuestros derechos humanos básicos. (Sotomayor, 2024)
Lo anterior implica que, aunque podemos reconocer las desigualdades y las distintas condiciones materiales en las que vivimos lxs humanxs, estas desigualdades no son un motivo para cerrar el debate sobre la explotación animal. Al contrario, son una invitación para ampliar la conversación y cuestionar nuestras decisiones y nuestras formas de relacionarnos con lxs demás animales dentro de un sistema social que nos condiciona a las jerarquías y a confundir lo popular con los privilegios de clase. Pero, “es porque existe un sistema político económico y cultural de dominación creado por humanxs que hay consecuencias devastadoras para las vidas de todo lo no humano (y lo humano también)”. (Sotomayor, 2024)
Veganismo y consumo
Muchas veces se asocia el veganismo erróneamente con estantes de supermercados específicos, marcas importadas, sustitutos industriales y alimentos ultra procesados. Pero esos productos no son necesarios para llevar una alimentación basada en plantas. Se puede comprar en centrales de abastos, mercados populares o hacer trueque con productores también. Hay muchxs veganxs que no comemos tofu, seitán ni otros alimentos procesados y que vivimos bien con lentejas, frijoles, maíz y otros cereales, frutas y verduras estacionales. Una alimentación basada en plantas puede construirse con alimentos simples y accesibles: legumbres, cereales, especias, frutas, granos, verduras, etc. Estos alimentos ya forman parte de la dieta cotidiana de millones de personas y además son accesibles y apropiados culturalmente para nuestra región latinoamericana. Después de todo, recordemos que, históricamente, muchas poblaciones prehispánicas e indígenas han tenido dietas mayormente vegetales por un tema de disponibilidad.
Fuera de la dieta, aplican consideraciones similares. Por ejemplo, históricamente, diversidad de aplicaciones para la salud en nuestra región se han alejado de las prácticas colonizadoras y han estado mayormente asociadas al cuidado comunitario y la herbolaria, dejando en un lugar no prioritario a la medicina alopática y prácticas que experimentan con animales bajo el pretexto de comercializar drogas que supuestamente curan ciertas enfermedades. Tomando en cuenta que hasta el 70% de las enfermedades son de origen iatrogénico (Lipton, 2016), es decir, por el consumo previo de medicamentos alopáticos, es lógico cuestionar no sólo la necesidad de los mismos en una amplitud de casos, sino la validez que tienen cuando implican pruebas innecesarias en animales que son sometidxs a explotación y muerte.
En cuanto al entretenimiento, y para cualquier otra área de la vida social y personal, también hay prácticas de explotación: corridas de toros, carreras de perrxs, coleccionar animales silvestres o exóticos como “mascotas”, ir a un delfinario, zoológico o cualquier otro espacio o sistema de explotación animal abierto al espectáculo público o privado. Es vital reconocer que estás actividades también provienen de la normalización de ciertos consumos mediante la costumbre (como aquello que se realiza de modo constante) y las políticas públicas (como aquello que es posible bajo el marco de la legalidad), de manera que estas prácticas no implican una consideración ética, sino una de normalidad, sólo porque se repite y se ha repetido en el tiempo. Recordemos también que legal no es igual a ético.
De manera que la oferta comercial, incluyendo al entretenimiento, la farmacéutica, la alimentación y otras formas que incluyen explotación animal,
depende de las empresas y las políticas públicas del gobierno, que son quienes deciden que sí es apto para la población, en qué cantidad y por lo tanto, cuánto dinero público “en apoyo a la producción comercial” el gobierno otorgará a las empresas para que mantengan sus ciclos de sostenibilidad y ganancias. Si esto te parece un proceso complejo es porque lo es. Lo que comemos no depende de nuestros gustos y elecciones nada más, aunque nuestros gustos también son inducidos por el mismo sistema. De hecho, lo que comemos depende en mayor medida de la oferta comercial y la competitividad. (Brigada Animal México, 2022a)
Pese a lo que la oposición especista pueda decir, la mayoría de la población en Latinoamérica admite estar en contra de la explotación animal, además de que una buena parte de la gente ya está practicando cambios en su alimentación para que esta contribuya menos a la explotación animal. Por ejemplo, “el 19% de lxs mexicanxs son lactovegetarianxs, 15% flexitarianxs (mínimo consumo de carne) y el 9% veganxs, lo que indica que el 43% de la población mexicana está en contra de la alimentación basada en la explotación animal y está mostrando desde su consumo el cambio que quiere ver” (Brigada Animal México, 2022b).
Sin embargo, a pesar de los esfuerzos de consumidores conscientes y productores éticos independientes para que el veganismo pueda popularizarse adecuadamente y que la gente pueda elegir opciones de alimentos libres de explotación animal, es indispensable detener los subsidios a la explotación animal y crear incentivos para la producción y el consumo de alimentos sanos. El artículo 4° de la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos garantiza que toda persona tiene derecho a la alimentación nutritiva, suficiente y de calidad, y que además, el Estado debe garantizarlo. Pero este derecho no está siendo garantizado dado que actualmente la alimentación sustentable no existe y la única que está siendo distribuida entre la población es aquella que, debido a su origen animal, además de especista, provoca enfermedades variadas, mortales y pandémicas. (Brigada Animal México, 2022c)
Lo anterior es importante, pues es indispensable reconocer que para que pueda existir el veganismo popular, el consumo ético debe estar garantizado y para ello debe existir competitividad comercial. Algo que es posible
a través del cese de los subsidios al especismo y una transición alimentaria que ponga énfasis en el desarrollo de la industria alimentaria cien por ciento de origen vegetal (…) Hablar de consumo ético requiere siempre volver a la conversación sobre la soberanía alimentaria. Y para que pueda existir soberanía alimentaria (como estructura de derechos que permita que una población sea capaz de producir todos sus alimentos de manera justa, sustentable y además acorde con su cultura), hablar de un sistema alimentario basado en plantas es primordial. (Brigada Animal México, 2022a)
Esto último no sólo corresponde a una aplicabilidad para hablar de que un consumo ético pueda ser desarrollado bajo el paraguas del capitalismo, sino que implica también el reconocimiento de los cambios en el mercado alimentario y la necesidad de una actualización del sistema actual de políticas públicas que implican tanto a productores como a consumidores de alimentos (y de otros productos que se aprovechan de la explotación animal). El sistema actual depende “de una política de subsidios, lejos de proteger y estimular la producción agrícola, crea dependencia y desempoderamiento, poniendo en riesgo permanente, también, la seguridad alimentaria”. (FAO, 2011)
Más allá de todo argumento falaz que implique que el veganismo es una práctica desde el privilegio, es indispensable que también se cuestione y contra argumente la invisibilización sistemática que los gobiernos y la industria alimentaria han ejercido sobre lxs productores, las prácticas para la agricultura, el debate sobre la soberanía alimentaria y lxs consumidores veganxs.
Una estrategia central para invisibilizar las problemáticas y construir discursos de éxito publicitarios ha sido desvincular al consumidor de su salud, así como desvincular al consumidor de los procesos de elaboración de comestibles, para borrar el entendimiento de que le consumidor(a) es unx agente clave en la discusión alimentaria. (Brigada Animal México, 2021)
Sistemas de salud y veganismo: El caso de México
Desde 2020, el gobierno de México, a través del Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado (ISSSTE), ha realizado campañas informativas que abordan el veganismo y la alimentación basada en plantas en sus comunicados oficiales y redes sociales, reconociendo la viabilidad, importancia y beneficios de este tipo de alimentación. Gran parte de esta información se viralizó principalmente entre 2022 y 2023 en redes sociales. Este material educativo difundido por la institución ha mostrado que se trata de una alimentación basada en el respeto hacia lxs animales y que cualquier cambio alimenticio debe realizarse de la mano de especialistas de la salud y nutrición.
Las publicaciones hacen énfasis en que el veganismo es una filosofía que busca excluir toda forma de explotación y crueldad hacia lxs animales (ISSSTE, 2022).
Entre los puntos que las campañas señalan como “retos” o aspectos a considerar, se encuentra la importancia de asegurar la obtención adecuada de nutrientes, el hecho de que comer fuera de casa puede ser complicado si no se planea con anticipación, así como que algunos productos procesados o sustitutos comerciales pueden resultar costosos. También se menciona que la transición hacia una alimentación basada en plantas requiere un periodo de adaptación tanto físico como cultural (ISSSTE, 2023).
Sin embargo, el cambio de postura institucional en México no puede entenderse únicamente desde una perspectiva ética o ambiental. También responde a una realidad económica, sanitaria y ambiental cada vez más evidente. Actualmente, el costo de vida en el país ha aumentado considerablemente y muchas familias enfrentan dificultades para sostener una alimentación que incluye el consumo de animales frecuentemente, cuyos precios continúan elevándose. Regresar a una alimentación tradicional mexicana que históricamente se centra en alimentos como frijol, maíz, calabaza, chile, lentejas, nopales, aguacate y otras bases vegetales, resulta mucho, más sostenible económicamente para millones de personas. Así, la alimentación basada en plantas es también una apuesta por una alimentación accesible y económica.
Por esta razón, distintos sectores políticos y de salud pública han comenzado a impulsar nuevamente la alimentación tradicional mexicana. Más allá de una cuestión ideológica y política, hay un interés práctico en los modelos accesibles, preventivos y sostenibles ante la desigualdad económica, inflación alimentaria y crisis de salud pública. La dieta tradicional mexicana, antes de la industrialización masiva del consumo, era predominantemente basada en plantas y permitía cubrir necesidades nutricionales a bajo costo.
A esto se suma el colapso progresivo del sistema de salud. En México, las enfermedades crónicas como la diabetes, hipertensión y problemas cardiovasculares representan una enorme carga económica tanto para las instituciones médicas como para las familias. Muchas personas con diabetes, por ejemplo, no logran sostener el costo continuo de medicamentos, consultas, monitoreo y complicaciones derivadas de la enfermedad. Ante esta situación, cada vez más médicxs y especialistas veganxs difunden la alimentación como una herramienta de prevención y control de diversas enfermedades crónicas, especialmente la diabetes tipo 2.
Diversxs profesionales de la salud señalan que una alimentación basada en plantas, rica en fibra, legumbres, frutas, verduras y cereales integrales, puede ayudar a mejorar la sensibilidad a la insulina, controlar niveles de glucosa y disminuir factores de riesgo cardiovascular. Por ello, el discurso institucional alrededor del veganismo y la alimentación vegetal ha pasado gradualmente de la desconfianza a la validación parcial y preventiva.
Antes de 2018, las instituciones de salud en México, incluyendo la Secretaría de Salud y especialistas vinculadxs al ISSSTE, advirtieron sobre las “dietas veganas”, clasificándolas como “novedosas” y señalando que podían carecer de evidencia científica suficiente o provocar desnutrición severa si no se realizaban correctamente. Durante muchos años predominó una visión médica conservadora que asociaba la alimentación basada en plantas, producto de la práctica ética del veganismo, con deficiencias nutricionales, a pesar de las evidencias científicas que apuntaban a lo contrario.
Para finales de 2025 y principios de 2026, la postura institucional evolucionó hacia una validación más clara, afirmando que el veganismo puede formar parte de un estilo de vida que beneficie tanto a la salud como al planeta.
Paralelamente, desde el ISSSTE se ha impulsado la recuperación de la alimentación tradicional mexicana, destacando alimentos e ingredientes que históricamente han estado presentes en la cocina popular no sólo de México sino en toda Latinoamérica. Esta alimentación, naturalmente rica en plantas, se presenta como una base cultural, económica y nutricional para facilitar la transición hacia alimentación con menor o nulo consumo de productos de origen animal.
En este contexto, resulta importante entender que el reconocimiento institucional hacia la alimentación basada en plantas en México no debe interpretarse como una reducción del veganismo a una simple estrategia económica o de salud pública. Aunque las crisis económicas, el aumento de enfermedades crónicas y el colapso de los sistemas de salud han abierto el debate sobre la necesidad de regresar a modelos alimentarios más sostenibles y accesibles, el eje central del veganismo sigue siendo ético, a partir del rechazo a la explotación y cosificación de lxs demás animales.
Conclusiones
Reducir el veganismo a una cuestión económica, no sólo es erróneo sino que también se aleja del foco central que es que lxs demás animales no son recursos, no son mercancías y no existen para ser usadxs, independientemente del contexto.
No es un privilegio dejar de ser parte de las injusticias que viven lxs demás animales por el simple hecho de no pertenecer a la especie humana, cuando está dentro de nuestras posibilidades. Es una decisión ética que cuestiona lo que muchas veces se nos enseñó como normal.
Además, es justo y pertinente el desarrollo de una red de comercio ético, que articule organizaciones sociales basadas en la producción autogestiva, para lograr una economía alternativa, emancipadora y popular. Así como desarrollar otros modelos de producción que desafíen el caduco, injusto y enfermante modelo de producción y consumo basado en la cosificación y explotación de animales y medicamentos.
Es fundamental reconocer que actualmente la industria y las políticas alimentarias en Latinoamérica (y en el mundo) tienen intereses contradictorios a la ética. Toda industria que explote a los animales está regulada según normas que no favorecen la justicia laboral, la justicia social, la salud humana o animal, la agricultura libre de agrotóxicos, la soberanía alimentaria, ni la autonomía popular de todas las personas, sin importar su origen o condición económica.
Debemos manifestarnos en contra de toda política y práctica que promueva, facilite y naturalice el especismo y que argumente que la solución frente a la explotación animal, que es el veganismo, es una práctica clasista, puesto que no lo es.
La recuperación de la alimentación tradicional mexicana demuestra que es posible construir alternativas alimentarias más accesibles y menos dependientes de las industrias de explotación animal, pero también evidencia la necesidad de transformar profundamente los modelos de producción y las desigualdades sociales.
Frente a este panorama, el veganismo continúa presentando una postura política y ética que apuesta por otras formas de relacionarnos con lxs demás animales, con la Tierra y entre nosotrxs mismxs. Una transformación que, además, puede mejorar la salud humana, reducir costos económicos y avanzar hacia sistemas alimentarios más justos, autónomos y libres de explotación animal.
Bibliografía
- Artículo 4° de la Constitución de los Estados Unidos Mexicanos.
- Brigada Animal México (2021), Soberanía Alimentaria y Especismo, publicado el 13 de abril de 2021 en la sección “Violencia Especista” en el sitio web de la organización. Disponible en: https://brigadaanimal.com/soberania-alimentaria-y-especismo/
- Brigada Animal México (2022a), Veganismo popular y competitividad comercial, publicado en: https://brigadaanimal.com/veganismo-popular-y-competitividad-comercial/
- Brigada Animal México (2022b), ¡El cambio es ahora! ¿Qué puedes hacer tú frente al especismo gubernamental y sistemático?, publicado en: https://brigadaanimal.com/el-cambio-es-ahora-que-puedes-hacer-tu-frente-al-especismo-gubernamental-y-sistematico/
- Brigada Animal México (2022c), Los subsidios son corrupción. Te explicamos por qué, publicado en: https://brigadaanimal.com/los-subsidios-son-corrupcion-te-explicamos-por-que/
- FAO (2011), La Seguridad Alimentaria: Información para la toma de decisiones, Publicado por el Programa CE-FAO, disponible en: https://www.fao.org/3/al936s/al936s00.pdf (consultado en febrero de 2022)
- ISSSTE [Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado] (2025), Guías alimentarias saludables y sostenibles para la población mexicana. Publicado en: https://www.gob.mx/cms/uploads/attachment/file/1029510/Guias_Alimentarias_Mexico_2025.pdf (consultado 06 de mayo de 2026).
- ISSSTE [Instituto de Seguridad y Servicios Sociales de los Trabajadores del Estado] (2022), Vegetarianismo y veganismo: ¿Qué debes saber? https://www.facebook.com/watch/?v=665173321183400
- Lipton, B. H. (2016). La biología de la creencia: Liberando el poder de la conciencia, la materia y los milagros. Gaia.
- Sotomayor, Poli (2024), Los problemas del activismo antiespecista: un análisis latinoamericano contra el colonialismo y a favor de las activistas, publicado en: https://brigadaanimal.com/los-problemas-del-activismo-antiespecista/
1 Este dato es parte del análisis realizado por Brigada Animal México, con base en encuestas segmentadas a la población, tanto en ciudades grandes, como en línea (para dar otro tipo de acceso a la participación), realizadas y publicadas por el periódico mexicano Reforma y medios digitales de 2019 a 2022.